EX ANTE – El 71% de la población encuestada para el estudio de percepción ciudadana realizado por ACADES y CRITERIA considera el agua como el servicio más esencial para el funcionamiento de los hogares en Chile. El 60% de los encuestados es consciente de que el recurso se está acabando, pero solo el 12% de los entrevistados considera prioritario invertir en infraestructura para enfrentar los efectos del cambio climático.
Hoy, es el Día Mundial del Agua, y frente a la situación que atravesamos es necesario y urgente hablar de infraestructura hídrica. Sin agua no hay crecimiento, desarrollo ni bienestar social.
Debemos informar a la población de que la ejecución de nuevos proyectos es clave para garantizar el acceso al agua en ciudades y mejorar el acceso de comunidades rurales, recuperar cuencas en estado crítico y detener el éxodo y disminución de la agricultura y otras actividades productivas. El 83% de las exportaciones en 2019 de Chile dependieron de la gestión del agua, según el Banco Mundial. Para garantizar el acceso al recurso y mantener la actividad económica actual, Chile necesita invertir US$2.147 millones anuales hasta 2050. Dos tercios de la población no sabe o no cree que hay ciudades en el país que ya se abastecen con agua desalada como Mejillones, Tocopilla, Caldera y Chañaral, donde el 100% del suministro proviene de esa fuente, o Antofagasta que pronto llegará al 100% como centro urbano relevante, con más de 250.000 habitantes.
Existe una alta expectativa sobre las muy necesarias -pero no suficientes – soluciones basadas en la naturaleza. Debemos empezar a dejar de mirar a la cordillera esperando la nieve y observar el mar. Esto a pesar de ser pioneros y líderes en América en el desarrollo de tecnologías para aprovechar un país bañado en agua del Pacífico. Soluciones como desalación y reúso todavía son desconocidas para la mayoría. La mayor planta desaladora del continente se encuentra en Chile. Es urgente aprovechar las economías de escala de grandes plantas para abastecer la actividad humana.
Es necesario eliminar permisos redundantes, simplificar la regulación y aumentar la certeza jurídica para los proyectos de desalación. Además, debemos aclarar ciertas cosas sobre la desalación: estudios prueban que la desalación cumple con altos estándares ambientales y bajo la regulación vigente no genera impactos negativos.
Necesitamos sacar adelante más iniciativas como la anhelada planta desaladora en Coquimbo que es la primera bajo el modelo de Concesión de Obra Pública, con un alto impacto económico y social.
Fuente: Ex Ante, Viernes 28 de Marzo de 2025